martes, 7 de septiembre de 2010

EL PENSUM DE LA MEDICINA ANDINA


En la actualidad el sistema oficial de salud y el sistema oficial de enseñanza médica, se centra fundamentalmente en la atención de carácter médico y con el uso y abuso de medicina fármaco-química, que a más de ser insuficiente y deficiente, no llena las expectativas de la población originaria, pues la cosmovisión tanto de la salud y de la enfermedad, cuanto del vivir y el morir, es diferente en la sabiduría indígena de aquel saber que maneja la ciencia occidental. Pues mientras ésta considera a la salud a lo sumo como el bienestar biopsicosocial, deja implícitamente de lado el considerar los aspectos culturales y eco-ambientales que matizan y definen a la salud como la relación armoniosa, recíproca y complementaria de las fuerzas de la naturaleza y las culturas humanas, de los cuales el hombre es un elemento más, y; que habiéndose enfermado o desequilibrado el ambiente o las estructuras socio-culturales, desequilibra y desarmoniza al hombre.

Así mismo en la medicina moderna se da exagerada importancia al contagio de gérmenes (virus, bacterias, parásitos) como causantes de la enfermedad, y de ahí el abuso de la “medicalización” de la enfermedad, sin considerar en su génesis y desarrollo los entornos medioambientales, sociales, orgánicos y anímicos que predisponen a que estos elementos patogénicos cobren fuerza y/o que el hombre se desequilibre, y como consecuencia se manifieste la enfermedad; y, siendo está y sus síntomas, en la concepción médica tradicional, una respuesta última y dramática para recomponer el equilibrio perdido. De ahí que el combate a la enfermedad no siempre significa anular o bloquear los síntomas, ya que en mucho estos son propicios para la expulsión de la enfermedad.

De ahí resulta que el médico no es más que un oficiante de la sabiduría propia de la naturaleza. Así mismo, por ejemplo, el termino kechwahanpi” es a la vez “remedio” cuanto “veneno” para dar cuenta en primer lugar del peligro que conlleva el uso o abuso de los medicamentos; cuanto de la concepción homeopática de la ciencia médica tradicional; es decir de que “lo similar cura lo similar” y que el fin último del médico y la medicina es recuperar el equilibrio dinámico de la vida, en su integridad.

En el caso de la cultura y los ambientes indígenas, los elementos patogénicos de la naturaleza, estuvieron hasta antes de la invasión europea en un delicado equilibrio dinámico; pues toda población endógena es capaz de crear defensas eco-ambientales, socioculturales, rituales, y orgánicas, para mantener la fuerza y la vitalidad a través de la construcción de espacios saludables, del buen uso y manejo de los recursos naturales y del ambiente, de formas de trabajo y producción adecuadas y respetuosas de la naturaleza, de una cosmovisión holística e integradora del hombre en relación a la naturaleza, de rituales y prácticas espirituales de reciprocidad y complementariedad; y del manejo adecuado de la alimentación, la armonía interior y el bienestar social, cultural, medioambiental y mágico-ritual; y se sabía que de no darse estas condiciones, la enfermedad es la consecuencia inmediata o a mediano y largo plazo.

Así pues esta cognoscitividad y sabiduría propia de los pueblos indígenas les permitió sobrevivir y desarrollarse durante milenios en sus propios hábitats, enfrentando las noxas ambientales y psicosociales a través de una vida y alimentación sana y armoniosa, así como disponiendo de la inmensa variedad de plantas medicinales y recursos terapéuticos que proveen tanto los bosques como las selvas, y haciendo uso terapéutico de la energía del agua, del aire, del fuego, de la tierra, de los animales, e incluso de los espíritus tutelares de montañas, cascadas, ríos, puquios, etc.

Lo cual permitió que los pueblos indígenas alcanzasen su máxima eficacia para el diagnóstico y tratamiento a través de los saberes mágicos de los yachaks y amawtas (hombres de conocimiento) que durante milenios han explorado la sabiduría en los más variados campos y entre uno de ellos el de la medicina y cuya sabiduría es, incluso en el momento, valorada tanto en los espacios locales, como nacionales e internacionales.

Pero así mismo debemos reconocer la necesidad de la interculturalidad en el sistema de atención y educación de salud que estamos proponiendo, en base al hecho cierto, en primer lugar, de los grandes logros y avances científico – tecnológicos de la medicina de diferentes civilizaciones y culturas del mundo entero, cuanto en el hecho por demás cierto, del surgimiento de nuevas enfermedades y noxas ambientales, culturales, higiénico – dietéticas y sanitarias, que han ido surgiendo a la par de un desarrollo caótico y desordenado de la civilización capitalista occidental en todo el mundo.

El pensum de salud y medicina indígena tradicional, requiere a más de los procesos de enseñanza – aprendizaje escolarizados la conformación de una comunidad de aprendizaje que conlleve a la implementación de un “Hanpiwasi” y de una red intercultural de promotores de salud, que a la vez genere un proceso de capacitación e investigación en el área de la salud, permita complementar la ciencia médica tradicional y la ciencia médica oficial, estableciendo un servicio de salud único provisto de una red de referencia ampliado a los sectores o áreas de gestión de los alumnos y profesores del Colegio Intercultural Bilingüe Narancay, así como al interior de la red de referencia del MSP a través de la Dirección Nacional de Salud de los Pueblos Indígenas.

Al haberse estructurado y estar funcionando de manera oficial la Dirección Nacional de Salud de los Pueblos Indígenas con sus respectivas sedes provinciales; y, así mismo al haberse oficializado la Universidad Intercultural de las Nacionalidades y Pueblos Indígenas del Ecuador “Amawtay Wasi”, es necesario para el Colegio y la Educación Intercultural Bilingüe, asumir una reforma curricular integral de su pensum de estudios en especial aquel referido al área médica y de salud.

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